Problemas de adaptación del tenis al pádel


Durante más de 12 años he repartido mi tiempo de ocio haciendo lo que más me gusta, practicando deporte. Muchos años y mucho tiempo jugando al fútbol, la droga del siglo XXI. No se me daba mal el fútbol, he pasado grandes años con mis compañeros, hemos incluso ganado alguna liga, ascendido equipos…

Pero conforme me hice mayor, especialmente durante mis estudios (actualmente soy Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte) presencié en directo otros deportes, practiqué otros deportes, y me di cuenta de algo que cada vez más gente está viendo, el ambiente del fútbol es quizá el ambiente menos saludable dentro del ámbito deportivo. La afición insulta al rival, al árbitro, los jugadores intentan engañar a los rivales y al colegiado… Mi forma de ser es diferente, no me gusta hacer esas cosas, y conforme me daba cuenta que otros deportes eran diferentes, más me llamaban la atención. Aunque hay que decirlo, desgraciadamente es complicado y requiere de un sacrificio extra competir en algún deporte diferente del fútbol.

La práctica de fútbol la alternaba con la de tenis. Toda mi vida, desde que tengo uso de razón, he jugado a tenis, ya que es una afición que comparto con mi padre, y desde muy pequeño nos íbamos los fines de semana a jugar. Primero me enseñaba mi padre a mí, cuando crecí un poco más competíamos, y a medida que me hacía mayor… Pasé a enseñarle yo a él, cosas de la vida… Me gustaba mucho la práctica del tenis, la competición… Además se me daba bien, ya que sin apenas práctica y entrenamiento he sido capaz de ganar algunos campeonatos en mi ciudad, incluso saliendo a nivel autonómico he conseguido proclamarme campeón de algún torneo.

Este deporte, como digo, me gustaba mucho, pero pienso que no le dediqué el tiempo necesario, cosa que achaco a lo complicado de encontrar gente para jugar, así como a la monotonía de los entrenamiento, habitualmente mucho más aburridos y con menos gente (amigos) que los entrenamientos de fútbol. Hoy en día me arrepiento de haber dedicado tanto tiempo al fútbol, y tan poco al tenis, aunque son decisiones que se deben tomar y, cuando se es niño, lo principal es disfrutar, y yo disfrutaba. El tenis me ocupó desde que dejé el fútbol (aproximadamente los 18 años) hasta los 21 años, durante los cuales ejercí como entrenador en las escuelas deportivas municipales, llevando grupos tanto de niños como de adultos, de iniciación hasta perfeccionamiento. Me encantaba esta tarea.

Hace apenas 6 meses apareció de manera precipitada el PÁDEL en mi vida. Hasta ese momento había jugado 4 partidas contadas en toda mi vida, junto a uno de mis compañeros de tenis. Recién acabada la carrera, se me ofrece trabajar como gerente en el club de pádel de mi ciudad. Me lleva unos días asimilar la oferta y decidirlo, pues en ese mismo momento tenía otros proyectos en el mundo del tenis, que era en el que más metido estaba por entonces. Finalmente, por cercanía y por oportunidades, decidí aceptar este nuevo puesto e inmediatamente comencé como gerente del club.

La tarea de gerente llevaba consigo otras tareas “ocultas” como intentar participar en las partidas cuando falta algún jugador, incluso ejercí de entrenador en los primeros días, acoplando mis conocimientos sobre tenis. Rápidamente me formé también en el mundo del pádel, pues la enseñanza de este deporte era algo que también me gustaba, y para lo que quería estar preparado, pues podría abrirme muchas puertas. Dejando al margen lo que la enseñanza del pádel supuso, pues es algo que me gustó desde el primer momento, y que continúo haciendo con agrado, voy a centrarme en lo que la práctica del deporte se refiere.

A una velocidad más rápida de lo esperada comencé a jugar con los mejores jugadores de la comarca, los que hasta hace poco tiempo me sentaba a ver y a aplaudir, ahora estaba en la pista junto a ellos, y plantándoles cara, cada vez más. Hasta el punto de estar ya consiguiendo ganar torneos comarcales y disputando y consiguiendo algún triunfo a nivel autonómico.

Cualquiera que lea esto, pensará que acoplarse del tenis al pádel es algo sencillo. Más todavía viendo como tanto exjugadores como exjugadoras de tenis se pasan al pádel y lo hacen con un éxito relativamente rápido. No vamos a engañarnos, haber practicado tenis con anterioridad a cierto nivel ayuda, y mucho. Los efectos a la bola es mucho más fácil aplicárselos, tenemos mucho control de nuestros golpes, gran lectura del juego, habitualmente por arriba vamos muy bien…

Una de las cualidades que quizá sobresale de mí (jugador de pádel que viene del tenis) es mi consistencia. En un partido con tensión, soy capaz de cometer muy pocos errores no forzados, tengo muy interiorizado que correr un riesgo innecesario hace que el punto lo perdamos, y cada punto es muy importante. Esta no estoy seguro de que sea una enseñanza del tenis, o simplemente de mi observación del deporte, pero es clave en mi gran progreso en este deporte. Es clave saber qué bola hay que jugarse para acabar el punto, y saber cuándo únicamente tenemos que buscar un hueco o poner la bola en la pista rival.

No obstante el cambio de deporte trae consigo algunos aspectos complicados de controlar. El primer tema, y el que cualquier jugador de tenis convertido al pádel te comentará es el de los rebotes en los cristales. Nos cuesta, nos cuesta mucho. Estamos acostumbrados a que si las bola nos pasa, el punto lo hemos perdido, es por ello que siempre buscamos estar por detrás de la bola, perdiendo la ventaja que nos aportan los rebotes de la pared para poder atacar a continuación. Este es un tema complicado al inicio, pero bueno, con unos cuantos cestos y algo de práctica… es algo que se puede mejorar rápidamente.

Mi mayor problema a la hora de jugar al pádel, y quizá lo que más me costó fue el acostumbrarme a que tengo un compañero al lado. El conocernos hasta el punto de saber cuándo tengo que darle yo y cuando tiene que darle él, y tomar esa decisión en menos de un segundo. Al principio era algo que no me gustaba nada, estaba acostumbrado a depender de mí en los deportes de raqueta, a jugarme las bolas que me veía capacitado para ganar, ¿y si las fallaba? No pasaba nada, el problema era únicamente mío. En pádel no, en pádel si fallas estas perjudicando a tu compañero, y eso es algo que no me gustaba. Cada vez que fallaba una bola me sentía mal (porque habitualmente en pádel se fallan bolas fáciles), pedía perdón a mi compañero, y me iba del partido durante unos puntos…

Me fallaba mucho la concentración, tanto cuando fallaba yo como cuando era mi compañero el que fallaba después de haber realizado yo un gran esfuerzo en el punto… Sentía que no valía la pena ese esfuerzo, incluso a veces esa falta de confianza me llevaba a intentar acabar puntos en golpes que no debía. Prácticamente nunca salía satisfecho de la pista de pádel.

Confiaba mucho en mí en todos los deportes, pero no me gustaba el hecho de que alguien dependa de mí, y tampoco me gustaba tener que confiar mi esfuerzo a un compañero, parece algo egoísta, pero era así. Quizá en esto también jugó un papel importante mi puesto como gerente de un club. No tengo un compañero fijo, juego con todo el mundo, unos mejores, otros peores, unos van a unas bolas, otros a esas mismas bolas no van… La verdad que me volvía loco.

Tuve durante los primeros meses varios altibajos en mi juego. Y eso no era lo peor, en todos los deportes hay días mejores y días peores, pero psicológicamente me iba muy quemado de la pista. Le daba 1000 vueltas, no sabía qué pasaba. ¿Era mi compañero? ¿Soy yo? ¿Pensarán que soy egoísta por darle a tal bola? ¿Por qué no entras a darle a esa bola? ¿No puedo fallar esa bola que acabo de fallar? ¿Qué estará pensando ahora mi compañero? ¿Por qué se juega mi compañero esa bola fácil? En cada descanso muchas preguntas abordaban mi cabeza, estaba preocupado por lo que la gente, sobre todo el compañero, pensaba de mí.

Todo esto me llevó a pasar unas 2 semanas sin querer jugar a pádel, quería entender por qué pasaba esto, estaba haciendo algo que me gustaba. No solo eso, estaba trabajando de algo que me gustaba.

¿A qué venía entonces esta ansiedad? La respuesta la he dado en las líneas anteriores, no estaba siendo yo mismo dentro de la pista, y eso es básico. Cuando practicas deporte tu estado de ánimo suele reflejarse en lo que haces. Cuando recibía el balón en fútbol me atrevía a inventar, confiaba en mis compañeros, y me atrevía porque sabía que ellos también confiaban en mí. Jugando al tenis confiaba mucho en mí, era consciente de mis virtudes y mis defectos, jugaba a gusto, por diversión, sin presión, y los resultados llegaban solos junto con una sensación de bienestar. Con el pádel no pasaba lo mismo, pero esos días de reflexión me llevaron a cambiar el chip, en cada lado de la pista de pádel hay dos personas, pero reman por un mismo objetivo.

Es vital saber que cuando uno falla no lo hace aposta, y es en ese momento en el que necesita tu apoyo, no cuando hace un buen remate y gana el punto. Durante esos días de reflexión tuve conversaciones con mucha gente dentro del mundo del pádel. ¿Os acordáis del ambiente del fútbol que dije que no me gustaba en las primeras líneas?

El ambiente en el pádel es inmejorable. La gente es amable, puedes hablar con todos (compañeros y rivales), intentan ayudarte, te dan consejos, te piden ayuda, se abren contigo… Conocer el mundo del pádel me ayudó mucho a saber que mi compañero dentro de la pista confía en mí seguro, y me ayudó a su vez a confiar en él, aunque falle bolas que no deba fallar.

El pádel es un deporte muy bonito de ver, pero mucho más de practicar. Atrévete, confía en ti, confía en tu compañero. Las cosas vienen solas, se puede ganar y se puede perder, uno puede tener un día mejor o peor. Pero, mi consejo: Debemos aprovechar el gran ambiente que rodea a este deporte. Que nunca falte la cerveza o el Aquarius con nuestros compañeros y rivales al final del partido, comentemos las mejores jugadas, riámonos de las peores.

DISFRUTADLO!

Redactado por: Diego Salinas López